Hoy se cumplen 87 años de La
Matanza de Badajoz, uno de los peores episodios de toda la Historia de España. El 15 de agosto de 1936 las tropas sublevadas, bajo el
mando del general Yagüe, tomaban la ciudad de Badajoz desatando una
represión sádica y sin medida.
Hacía
menos de un mes que algunos militares se habían sublevado, dando un
golpe de estado contra el Gobierno de la II República. Dicho golpe no
triunfó, gracias a que en muchas ciudades del país la población civil y
tropas leales frenaron la sublevación, dando comienzo a la Guerra Civil.
Después del
mismo, el general sublevado Francisco Franco se hace con el mando de
las tropas de África y, ayudado por la aviación nazi alemana y fascista
italiana, cruza el Estrecho de Gibraltar. Apoyado por los bombarderos
de Hitler y Mussolini, las tropas sublevadas emprenden su camino hacia
el norte para tomar Madrid; el 1 de agosto, el ejército franquista
alcanza y se hace con la ciudad de Sevilla.
Es
entonces cuando Franco decide avanzar por Extremadura, para unir por
el oeste las zonas ocupadas por los fascistas y controlar la frontera
entre Portugal y España. Las órdenes son claras para los sublevados:
deben actuar con dureza.
El 7 de agosto de 1936 la Columna
de la Muerte, las tropas golpistas comandadas por Queipo de Llano,
acompañadas de aviones alemanes e italianos, llegan a Almendralejo.
Allí, las tropas fieles a la República no ofrecen gran resistencia y se
repliegan, excepto unos 40 milicianos que se atrincheraron en la torre
de la Parroquia de la Purificación. Por ello, los mandos fascistas
deciden quemar y cañonear la parroquia, con los resistentes en su
interior.
Se calcula
que unos 1.000 civiles fueron asesinados en los momentos posteriores a
la toma de Almendralejo a manos del ejército franquista.
El
10 de agosto, la Columna de la Muerte consigue tomar Mérida,
expulsando a los republicanos y uniendo así los territorios controlados
por el bando sublevado. Después, el general Yagüe se pone al mando de
las tropas y avanza hacia Badajoz.
Muchas
personas de la zona intentaron refugiarse en Portugal ante la llegada
de los fascistas, pero el dictador Oliveira Salazar apoyó a las tropas
del ejército de Franco, permitiendo su rápido avance por el oeste y
entregándoles a aquellas personas que llegaban a la frontera portuguesa
huyendo de la guerra.
Poco
después de la toma de Mérida, el ejército de Yagüe se instala ante
Badajoz; tras tres días de bombardeos sobre la ciudad, el 14 de agosto
de 1936, comenzaba el asalto a la misma. La resistencia republicana no
fue suficiente y, tras pocos intentos, los militares fascistas
consiguen penetrar la muralla.
Desde
ese mismo momento las tropas del genocida general Yagüe llevan a cabo
en la capital pacense una de las mayores matanzas de la Guerra Civil.
Los soldados franquistas asesinan en la calle a los milicianos que,
habiendo tirado sus fusiles al suelo, se rendían a su paso; incluso
llegaron a asesinar a 43 de ellos que se encontraban heridos e
indefensos en el hospital. En torno a las 12 de la noche el fascismo
terminó por imponerse en Badajoz.
Las horas posteriores fueron
horrorosas para la Historia; dicen algunas crónicas que los cuerpos de
civiles asesinados se amontonaban en la calle por centenares. Niños,
mujeres y hombres fueron llevados a la Plaza de Toros, en un primer
momento para ser fusilados allí, pero después se empleó el recinto para
retener a todas aquellas personas que fuesen sospechosas de no ser
fieles a la sublevación fascista o que pudiesen ser de izquierdas,
homosexuales, sindicalistas, …, para luego fusilarlos en el cementerio.
Mientras
los presos civiles eran conducidos a la tapia del cementerio para ser
asesinados, los que permanecían en la Plaza de Toros eran humillados y
torturados junto a los cadáveres que iban retirando los sublevados.
Los cuerpos eran llevados a las cercanías del mismo cementerio, donde
eran incinerados y enterrados en una fosa común.
Se
estima que 4000 personas fueron asesinadas por las tropas de Yagüe,
el Carnicero de Badajoz, quien en una entrevista reconoció los hechos y
el número de asesinatos.
Mi recuerdo, como hijo, nieto, bisnieto... de emigrantes extremeños. Doy casi por seguro, que en aquella carniceria, murio algún miembro de nuestra familia.
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