
Ni las toallitas húmedas, ni los bastoncillos para los oídos, el aceite o la lejía, cosméticos, ni jabones deben acabar en el inodoro, "que no es un basurero", recalcó la
Asociación Española de Abastecimientos de Agua y Saneamientos (AEAS), al presentar un manual de buenas prácticas del uso del váter.
Término que recogemos del inglés, "water closet", literalmente el armario del agua, el inodoro o excusado, el más español váter, no es la trampilla que todo se lo lleva, dicen quienes ya identifican esa tendencia.
Reunidos en el
Congreso Nacional del Medio Ambiente (Conama), un grupo de expertos advirtió sobre el gran impacto en la gestión del agua de algunos productos que acaban en el sistema de alcantarillado, comprometiendo la calidad del agua y la sostenibilidad de su gestión.
Según los gestores de las redes de saneamiento y estaciones depuradoras de aguas residuales, cada vez se encuentran más contaminantes en las aguas recogidas del sistema urbano, muchos de imposible tratamiento en las plantas convencionales y en concentraciones progresivamente más altas.
El problema, aseguran, "va a más" y se asocia con el creciente uso domiciliario de productos que son vertidos al alcantarillado a través de los desagües domésticos, entre los que señalan también los posos del café y té.
El proceso de depuración se encarece por el mayor consumo energético que requiere atender las frecuentes obstrucciones en colectores y redes de saneamiento, señalan en el documento de trabajo del grupo, reunido por el Conama.